Si uno conversa con las personas, de casi cualquier realidad socio económica y cultural, la gran mayoría coincidiría con la siguiente premisa: “Los políticos son unos ladrones y una porquería”, como si fuera una máxima bajo la que rige la realidad argentina. Hay quienes consideran que esto no es representativo de la sociedad, pero… ¿es relevante si la realidad es diferente? ¿Acaso la sola percepción de dicho dogma no genera por sí misma una paralización de las personas para con cualquier actividad o motus político, como si fuera “una sensación de inseguridad”? Me tomaré el atrevimiento de describir algunos de estos preconceptos, y las consecuencias en las personas.
Frustración ante la falta de meritocracia
Los procesos de selección para tanto puestos que deberían ser por trayectoria, como políticos, en gran parte dependen de los contactos que tengan las personas; el amiguismo. Ese proceso contabiliza tantos casos, que prácticamente todas las personas conocen de haber conseguido trabajo o puestos por tráfico de influencias. Eso no implica no seleccionar a quién uno quiere para un puesto, pero sí implica dar oportunidades iguales en caso de no presentarse ante la necesidad de plena confianza del empleador por la calidad del material que se maneje. Ésto genera una clara reacción negativa ante el mercado laboral y un descreimiento de las capacidades y buenas intenciones de las personas hacia quienes tienen puestos de relevancia. Lo único que afecta ésto, es la expectativa que tienen las personas de bajos recursos en alcanzar la clase media, ya que consideran que sin contactos, no podrán llegar, y por una realidad socio cultural, no suelen tener acceso a ellos.
“No hacen nada”
La percepción que existe ante las obras públicas y calidad de la gestión en las diferentes áreas, lleva a que la mayoría de las personas descrea que los políticos están para servir al ciudadano. Sucede que usualmente se está por detrás de las necesidades de las personas; la provincia se inunda, después de muchos años en los que se prometen obras y la percepción de las personas, es que los políticos están prometiendo sin llegar a hacer lo necesario, y bien tantos otros ejemplos en los que el accionar del Estado no alcanza el nivel que es necesario para que las tragedias no sucedan.
Falta de divisiones reales entre los partidos políticos
Las discusiones políticas deberían tener muchos matices, que suelen darse donde realmente la población está comprometida con mejorar el país, pero en los países donde falta compromiso, tiende a haber una polarización entre dos partidos, o un oficialismo y una oposición. En democracias que podrías llamar más avanzadas, debido a una mayor satisfacción de la población con el sistema de representatividad y representantes, suele haber congresos moderados donde la discusión ideológica queda de lado, para pasar a tener discusiones procurando el mejor proyecto de ley posible, o bien, la gestión del dinero en pos de servicios al ciudadano. Eso no significa que sean democracias perfectas, pero los matices de ideología suelen ser representadas con una mayor independencia de cada fuerza con bancas. Este mismo análisis traído a la realidad Argentina, nos presenta un panorama que a simple vista es esperanzador, ya que existen muchos bloques diferentes dentro del Congreso. Pero no se dejen engañar: la mayor parte de dichos bloques, han votado en conjunto con el oficialismo la mayoría de las leyes. Incluso, muchos consideran que esto sucede a cambio de dinero, favores, inmunidad, contratos, o simplemente, poder.
Clientelismo y sistema electoral
Casi todos coincidimos que es inhumano dejar que alguien muera de hambre, y que es responsabilidad de todos preocuparnos porque eso no suceda, y la mayoría coincidiríamos que el Estado puede ser una herramienta para facilitar esa trabajosa tarea. También coincidiríamos que el Estado debe asegurarse el acceso a la educación básica, de forma que todos los ciudadanos tengan las herramientas para expresarse, pensar por sí mismos y desarrollarse. Y por supuesto, también coincidiríamos que el acceso a la salud pública primaria es necesario para también salvaguardar la vida de las personas, cuando están en peligro. Y nuevamente, para cuidar la vida de los ciudadanos, también es necesario que el Estado cumpla con otras funciones, como la seguridad, la Justicia, y la creación de leyes.
El problema existe cuando el Estado utiliza dichas herramientas para dar privilegios a unos, o castigos a otros; una discriminación para quienes piensan como uno, o diferente. Y hemos llegado a tal nivel de conocimiento de estos casos, que una parte de la sociedad cree que los planes sociales únicamente los reciben quienes son adictos al gobierno de turno, sin tomar en cuenta que muchas familias que reciben esa ayuda, realmente la necesitan.
Sin embargo, tendré que ser duro: ese sistema clientelar, no es otra cosa que lo que dicta la ley de oferta y demanda. Si hay quienes quieran comprar votos, habrá interesados en venderlos por algún precio. Y en contra de todo lo que muchos puedan llegar a opinar desde una posición ética, lo que hacen TIENE SENTIDO.
Quien vende su voto está recibiendo algo tangible a cambio de la perpetuación de un sistema que les brinda algo a cambio, mientras que la mayoría de los cambios que otros proponen, no ofrecen nada que las personas puedan oler, tocar o comer en el día de hoy, sino que prometen estabilidad y trabajo a futuro. ¿Qué incentivo tendría esa persona para cambiar un sistema que le entrega algo, para uno que no le entrega nada con seguridad? Por el lado de los compradores de votos, ellos se aseguran que exista una perpetuación del sistema, privilegios para ellos, y sin ningún tipo de consecuencias: aún nadie perdió en La Argentina una elección como voto castigo por este tipo de acciones clientelares, ni tampoco hubo nadie juzgado por malversación de fondos públicos, por lo que no existen incentivos para que dejen de hacerlo.
Si quieren, puedo explicarlo en términos teóricos que si bien son altamente complejos, quienes los comprendan podrán captar la genialidad del razonamiento detrás de las decisiones de quienes son partícipes de esto: es un caso de “viveza criolla”.
¿Existen diferencias, entonces, entre unos y otros políticos?
Sí. Y muchas. Pero eso no significa que siempre sean relevantes para la población, ya que si hacemos una breve encuesta en la calle, o hablamos con algún señor en un bar (donde las verdaderas opiniones de valor suceden), nos encontraremos que ya tienen una posición cocinada acerca de los políticos: son todos corruptos. Si uno intenta que se hagan excepciones, nos encontramos con un panorama sombrío pero real: casi ningún porteño puede nombrar a sus comuneros (siendo 7), o siquiera 10 de los 60 legisladores, o bien, 20 diputados o 10 senadores. Y quien no puede nombrar, no puede conocer, y mucho menos diferenciar. Y lo mismo sucederá con cada distrito electoral del país, donde se pregunte por sus concejales, diputados provinciales o nacionales, y senadores.
Eso no significa que a las personas no les interese el país, o sus distritos. Simplemente, nadie que trabaje, estudie, tenga una familia y no se esté dedicando a la política, tiene tiempo para realmente interiorizarse en cada aspecto que se trata, sino que eligen informarse por medios de comunicación que simplemente, seleccionan lo que consideran que generará más lectores o más rédito para el medio que se publique. Creanme, no suele estar en el top 10 la discusión sobre si aceptar o no la construcción de un puente o cómo se está usando el presupuesto en educación, a menos, que haya un escándalo. ¿Es acaso, entonces, culpa de los medios de comunicación? En absoluto. Sus clientes siempre pueden optar por mirar otros medios. El problema, me temo, es el cliente. Sí, usted. El problema es que las personas están casi desesperadas por juzgar a todos los políticos por igual, y por lo tanto, eligen no informarse al respecto. El problema es no embarrarse y querer saber qué necesitan las personas, en vez de juzgarlas como responsables del sistema clientelar. El problema es que incluso cuando muchos apoyan un eslogan como “Cambiemos”, ellos pretenden que quienes cambien sean los políticos, pero no ellos.
¿Hay, entonces, políticos coherentes? ¿Hay quienes trabajan por mejorar el estándar de vida de los ciudadanos, sin importar si son oficialistas u opositores? ¿Hay quienes denuncian los atropellos a las instituciones? ¿Hay quienes utilizan a la Constitución Nacional como estandarte? Sí. Los hay. No me corresponde juzgar si son honestos o no… pero sí puedo decir que los ciudadanos de las ciudades donde gobierna Cambiemos, han mejorado su estilo de vida. Ya no se inundan como antes, los tiempos de viaje se han acortado, y se han mejorado los espacios verdes de los vecinos, y acercado la gestión hacia ellos. Sin importar qué ideología puede decirse que son, existen quienes han hecho de su gestión una ideología.
Pero se equivocan si cree que eso es suficiente para ganar el 25 de octubre. Este cambio necesita ser cultural: necesita de quienes creemos en la meritocracia, e incluso de quienes subieron puestos sin merecerlos; de quienes ven qué se hace, y de quienes no lo ven. Este cambio necesita que te involucres y veas cómo vota cada diputado y cada senador de tu distrito, y le pidas explicaciones por las veces que votó en contra de los intereses de las personas de tu provincia. Este cambio necesita que incluso los políticos que se han ido reciclando, trabajen de la mejor manera posible por el país. Este cambio necesita de quienes toman en serio las necesidades humanas, y la importancia de la salud y la educación de cada uno, con nombre y apellido, sin tratarlos como si fueran un número de documento más que tiene que votar. Este cambio necesita de quienes pueden ayudar a otros a desarrollarse mejor. Este cambio necesita de todos aquellos que deseamos un cambio: bomberos, policías, médicos, gasistas, amas de casa, desempleados, economistas, vendedores ambulantes y grandes comerciantes, pasteleros, obreros, Testigos de Jehová, estudiantes. Todos.
Pero todo cambio necesita un punto de quiebre. Ese punto en el que uno decide dar un paso en una dirección, y no volver atrás. Ese punto en el que alguien decide dejar de fumar; en el que se decide casarse o bien decide salir a vivir solo, lejos de sus padres. El punto en el que uno se la juega en una inversión, corriendo el riesgo de perder pero también sabiendo que se puede ganar. Ese punto de quiebre, está llegando; y será cuando tengamos que salir todos los argentinos a cuidar los votos, para que el cambio sea posible. Ese 25 de octubre, ¿dónde querés estar? ¿Entre los que quieren construir el cambio decidiendo ese día no volver a la vieja política, o entre los que creen que el cambio tienen que hacerlo los otros?
Cambiemos. Juntos. Todos.
viernes, 11 de septiembre de 2015
miércoles, 5 de agosto de 2015
Cambiemos
De cara a las elecciones del próximo domingo, 9 de agosto, nos encontramos con un claro problema para toda La Argentina: la incertidumbre. En una primera instancia, ésto se debe a que nadie sabe el resultado de las elecciones de antemano, y quienes se toman el atrevimiento de jugar a la numerología, también conocidos como encuestadores, han perdido gran parte de la credibilidad ante las personas, después de más de 7 puntos de diferencia para el ballotage para Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Luego de ese análisis, existe otro que es aún más complejo: ¿quién tiene posibilidades reales de ganar?¿Cómo? ¿Qué sucederá con la victoria de cada uno de los candidatos principales?
Para comprender el panorama, es necesario entender la realidad demográfica argentina, pero lo haremos exclusivamente de forma utilitaria para nuestros fines. Spoiler alert: yo, como así también todas las personas del partido al que pertenezco, Unión por la Libertad, apoyamos a Mauricio Macri para convertirse en el próximo presidente. De esa forma, podemos postular la existencia de tres grupos principales:
1) Los que ya están a favor de la oposición.
2) Los que jamás estarían a favor de la oposición.
3) La masa de personas que se consideran independientes.
Estoy haciendo una simplificación extrema para que se comprenda el planteo, ya que existen muchas minorías y subgrupos dentro de cada uno de esos grupos, con diferentes ideologías, viviendo en diferentes lugares, y de realidades socio económicas que distan mucho entre ellas. Esto no intenta ser una representación realista de la sociedad.
Mitt Romney utilizó en la campaña del 2012 esta forma de dividir al electorado, solo que en su caso tuvo el error de dar porcentajes, y especialmente, el horror político de decir que esas personas jamás lo votarían, porque son pobres que no pagan impuestos altos; pero no viene al caso recordarlo.
La división que existe en la oposición es un problema, ya que ese voto Anti K se divide en diversos candidatos, que no están compitiendo por una sola plaza. Sin embargo, las PASO ayudan a polarizar, generando que los votos del primer grupo vayan a quien tenga una oportunidad real de ganar las elecciones en octubre. Hoy, es Mauricio Macri, y parece lejana la posibilidad que eso se modifique en el tiempo restante de campaña.
Pero incluso en el caso que el actual Jefe de Gobierno de la Ciudad tenga absolutamente todos los votos del primer grupo, no alcanzan para ganar una elección presidencial; se necesitan los votos del tercer grupo. Este tercer grupo, en gran parte se volcó por el kirchnerismo en el 2011, cuando casi todos los opositores tuvieron discursos Anti Kirchnerista. La explicación de ello, es muy simple: nadie sedujo a este grupo, y planteaban escenarios poco creíbles, o bien, parecidos a los que el oficialismo planteaba, por lo que las personas prefirieron votar al malo conocido. El voto Anti K tampoco apoyó un solo candidato, dando así una mayor incertidumbre en los votantes, acerca de quiénes realmente eran alternativa. Todo eso, llevó a que Cristina Fernández de Kirchner sobrepasara holgadamente el 40% , casi por tanta diferencia como los votos del segundo candidato con más votos.
El candidato del oficialismo, Daniel Scioli, centra sus discursos en primeramente, afianzar sus votos kirchneristas, ya que la interna que existió discursivamente con Randazzo, llevó a que exista una herida abierta entre los ultra kirchneristas; muchos se resisten a votar a Scioli como un candidato propio. La pregunta, por lo tanto, es si existe la posibilidad que solo los votos del segundo grupo le alcancen al oficialismo para ganar las elecciones. Y la respuesta es que no. Pero la sumatoria entre dichos votos, y los votos anti su competidor (por ejemplo, personas de izquierda que jamás votarían a Mauricio), podrían alcanzar, recordando que el sistema que tenemos podría dar como ganador a quien alcance 45%, o bien, 40% con más de 10 puntos porcentuales sobre el siguiente competidor.
Es crucial, por lo tanto, alcanzar la mayor cantidad de votos posibles. Entonces, ¿cómo se puede seducir al tercer grupo?
Mucho se dijo acerca de un cambio de Mauricio Macri, pero pocos han analizado realmente la cuestión, sin caer en 678ismos como mostrar una frase fuera de contexto de hace unos años, y mostrar otra fuera de contexto ahora. Para ganar al tercer grupo, el discurso tendría que centrarse en estas personas, nos guste o no. Hasta incluso Durán Barba, el famoso publicista político, hace unos días lo dijo en una reunión, pero que salió publicada en los medios. Pero cambiar a quién está orientado el discurso, no significa modificarlo; no implica desdecirse de todo lo anterior, sino saber construir sobre lo que hicieron los otros, ya que ningún cambio de gobierno que haya asumido diciendo que todo lo anterior fue malo, fue algo positivo para el país. Desde el año 2003 en adelante, vienen defenestando a la década de los 90 como si fueran el origen de todos los males que existen en La Argentina, y nos ha llevado a tener muchos problemas de representatividad, y ha sido excusa para el gobierno de turno para ciertos excesos.
Al mismo tiempo, el candidato por el Frente Renovador, está haciendo más duro su discurso, prometiendo cárcel para los funcionarios kirncheristas, prometiendo mano dura a los delincuentes, y cadena perpetua a los narcotraficantes. Cualquier análisis a estas promesas electorales, encuentran rápidamente signos de desesperación de parte del candidato, ya que si su discurso está siendo apuntado al tercer grupo, independiente, no comprendió que ese grupo considera que no todo lo hecho es malo. No tendría sentido que se esté enfocando en dicho grupo, y por lo tanto, en realidad se está centrando en el primer grupo, ya siendo anti kirchnerista. Es imposible que pueda ganar con ese discurso, ante una eventual polarización con un candidato como Scioli, que está tiene un discurso kirchnerista, pero moderado, que si bien no es el plato preferido de los independientes, es suficiente para alejarlos a los gritos despavoridos de Sergio Massa.
Nada hemos hablado de cómo será el gobierno con cada uno de los candidatos, y eso se debe a que existe muy poco para desarrollar.
Si gana Daniel Scioli, será lo mismo que hasta ahora, con un discurso más moderado, pero mismas políticas, mismas leyes, mismo Congreso, mismo apriete a jueces y fiscales.
Si por otro lado, ganara Sergio Massa, el panorama sería un poco más sombrío: su gestión como intendente fue regular, y su rol como diputado fue olvidable.
Si quieren saber cómo sería el próximo gobierno, ganando Mauricio Macri, no tienen que hacer otra cosa, que mirar la gestión: descentralización, obras útiles, baja corrupción, baja en el delito, mejora en la educación, votación siempre en contra de excesos del poder ejecutivo en cada una de las cámaras, sin persecución a opositores o medios opositores, cumplimiento de la ley, respeto por las ideas diferentes, pensando en lo que piensa el ciudadano.
Trabajemos para que Mauricio Macri sea el próximo Presidente de todos los argentinos. Si estas cosas no les parecen un avance en la dirección correcta, sin importar si uno tiene alguna diferencia ideológica o no, nada lo será.
#Cambiemos la política este domingo.
domingo, 14 de diciembre de 2014
Pensamientos sobre la política
después de más de 5 años:
- Hay demasiada gente que cree que la foto con el político importante, suma algo. Nadie es tan estúpido para elegir a alguien a su lado que solamente quiere la foto con él. Al menos, no un político pensante.
- Hay demasiadas personas que trabajan día y noche para solamente republicar o retwitear los contenidos de alguien más, o bien, hacer marketing con las decisiones de otros. Terminan cayendo por su propio peso, cuando se les pide media idea.
- Existen los intelectuales y los sentimentales, como personas que se suelen llamar "referentes" (si no lo pongo así, Jose Luis me pega de nuevo), y ambos son completamente necesarios. Son extremadamente escasos quienes pueden levantar una audiencia, y a su vez tener contenido intelectual.
- Las ideas pasan a un segundo plano cuando las formas son más importantes. A nadie serio le importa que coincidas ideológicamente con él, si tu objetivo es deshonesto. Las ideas, siempre pueden discutirse en el Congreso. La corrupción, no.
- La política no es arquitectura. La construcción no puede estar basada en la destrucción, porque la única forma para que la cúpula se mantenga, es convenciendo a toda la estructura. La cúpula por sí misma, podrá estar muy orgullosa de ser eso pero no va a llegar a estar arriba.
- Es increíble lo que puede lograrse, si a uno no le importa quién se lleva el crédito.
- Es más importante la honestidad, que quedar bien con todos. Incluso, para un buen líder, es preferible que uno discuta a que se quede callado. Es síntoma de que a uno le importa lo que sucede.
- Hay demasiadas personas que se dedican a lucrar con lo que no deberían. Hay muchos que intentan acoplarse a alguna estructura, para recibir algo (sea un viaje, capacitación, la foto, etc).
- Se vende humo todo el tiempo. Pero hay humo de diferentes calidades, y hasta a veces, aromas y potenciales diferentes. No siempre alguien que venda humo es para desechar, y no siempre alguien que no lo venda es para tener en cuenta.
- Se aprende todo el tiempo. Lo que pensaba cuando comencé, es bastante cercano a lo que pienso hoy en día en muchos aspectos ideológicos. En otros, uno va evolucionando y encontrando pensadores que refutan las ideas o las aplicaciones que uno pensaba correctas. No tiene absolutamente nada de malo cambiar el discurso y el pensamiento.
- Quien diga que no quiere algo de la política, miente. Pero eso no significa que no existen quienes solo quieren mejorar la sociedad y las posibilidades de todos.
- A la mayoría de las personas no le importa si sos honesto, o no. Cree que uno es deshonesto por participar en política. Y si te acepta que ahora sos honesto, cree que es porque nadie te ofreció lo suficiente. Hay que aceptar esa visión, y seguir adelante sin que a uno le importe.
- Por último, y el palo para mi: la falta de constancia es peor que la falta de ideas.
Espero sirva de ayuda mis pequeñas conclusiones y experiencias.
- Hay demasiada gente que cree que la foto con el político importante, suma algo. Nadie es tan estúpido para elegir a alguien a su lado que solamente quiere la foto con él. Al menos, no un político pensante.
- Hay demasiadas personas que trabajan día y noche para solamente republicar o retwitear los contenidos de alguien más, o bien, hacer marketing con las decisiones de otros. Terminan cayendo por su propio peso, cuando se les pide media idea.
- Existen los intelectuales y los sentimentales, como personas que se suelen llamar "referentes" (si no lo pongo así, Jose Luis me pega de nuevo), y ambos son completamente necesarios. Son extremadamente escasos quienes pueden levantar una audiencia, y a su vez tener contenido intelectual.
- Las ideas pasan a un segundo plano cuando las formas son más importantes. A nadie serio le importa que coincidas ideológicamente con él, si tu objetivo es deshonesto. Las ideas, siempre pueden discutirse en el Congreso. La corrupción, no.
- La política no es arquitectura. La construcción no puede estar basada en la destrucción, porque la única forma para que la cúpula se mantenga, es convenciendo a toda la estructura. La cúpula por sí misma, podrá estar muy orgullosa de ser eso pero no va a llegar a estar arriba.
- Es increíble lo que puede lograrse, si a uno no le importa quién se lleva el crédito.
- Es más importante la honestidad, que quedar bien con todos. Incluso, para un buen líder, es preferible que uno discuta a que se quede callado. Es síntoma de que a uno le importa lo que sucede.
- Hay demasiadas personas que se dedican a lucrar con lo que no deberían. Hay muchos que intentan acoplarse a alguna estructura, para recibir algo (sea un viaje, capacitación, la foto, etc).
- Se vende humo todo el tiempo. Pero hay humo de diferentes calidades, y hasta a veces, aromas y potenciales diferentes. No siempre alguien que venda humo es para desechar, y no siempre alguien que no lo venda es para tener en cuenta.
- Se aprende todo el tiempo. Lo que pensaba cuando comencé, es bastante cercano a lo que pienso hoy en día en muchos aspectos ideológicos. En otros, uno va evolucionando y encontrando pensadores que refutan las ideas o las aplicaciones que uno pensaba correctas. No tiene absolutamente nada de malo cambiar el discurso y el pensamiento.
- Quien diga que no quiere algo de la política, miente. Pero eso no significa que no existen quienes solo quieren mejorar la sociedad y las posibilidades de todos.
- A la mayoría de las personas no le importa si sos honesto, o no. Cree que uno es deshonesto por participar en política. Y si te acepta que ahora sos honesto, cree que es porque nadie te ofreció lo suficiente. Hay que aceptar esa visión, y seguir adelante sin que a uno le importe.
- Por último, y el palo para mi: la falta de constancia es peor que la falta de ideas.
Espero sirva de ayuda mis pequeñas conclusiones y experiencias.
jueves, 23 de octubre de 2014
¿Por qué las 5000 empresas más importantes del mundo, no invierten?
Según un estudio hecho por la BBC, y publicado también en La Nación, las 5 mil compañías más grandes del mundo, no estarían invirtiendo, ya que estarían a la expectativa de la marcha económica mundial, y por lo tanto, debe hacerse con el capital lo que implique menos riesgos.
"La intervención del Estado ya ha hecho todo lo que podía para que la economía global se recuperara. Es la hora del sector corporativo. El problema es que en los últimos cinco años el crecimiento económico mundial ha sido muy lento y el sector está esperando mejores noticias que no terminan de llegar, en parte porque las mismas corporaciones no invierten, esperando la llegada de buenas noticias", indicó a la BBC, la consultora Deloitte.
Pero, yo creo que el problema es bastante más simple. Vamos a suponer (quiero aclarar que ésto es meramente un caso hipotético, y es muy probable que no tenga absolutamente ninguna cercanía con la realidad) que las compañías quieren obtener las ganancias posibles, o como se lo suele llamar en economía, retorno por las inversiones. Estas ganancias, se calculan así: el total facturado, pero se le debe restar costos fijos (al menos, en el corto plazo, como por ejemplo, alquiler de un local), costos de producción variables (los elementos necesarios para producir el bien que se vende), costos de personal (tanto empleados en el área de producción, como administrativos y vendedores), e impuestos. Considerando el supuesto del que partimos, cada empresa por sí misma está buscando maximizar las ganancias, y para ello, busca bajar sus costos fijos al máximo posible en el mediano y largo plazo, sus costos variables en el corto, y el costo en personal, pero a su vez produciendo la mayor cantidad de bienes vendibles posible. También existe el factor tecnología, que se comprende como las innovaciones hechas para bajar los costos, o mejorar la productividad.
Pero la empresa, no tiene absolutamente ningún control sobre los impuestos. Cuanto más venda, más impuestos va a terminar pagando (ya que algunos impuestos son por unidad vendida, pero además, existen otros impuestos que dependen de la ganancia de la empresa). Por lo tanto... no estarían siendo un desincentivo los impuestos?
Qué pasarían si se bajaran los impuestos? Sí, el Estado recaudaría menos... y si recauda menos, tiene que gastar menos (para no incentivar el déficit, o la emisión de moneda). Pero qué impacto tendría en la inversión? Las inversiones que antes no eran tan atractivas, porque parte de la ganancia se la tragaban las arcas estatales, ahora comienzan a mirarse con más cariño... como una chica no tan agraciada, después de la cuarta cerveza. Lo más interesante de este planteo, es que el crecimiento de la actividad económica, generado por la baja de impuestos y su consecuente aumento de la inversión, puede incluso generar que el Estado recaude más en total de la economía, por la mayor cantidad de transacciones dadas, y por las ganancias extra que tienen esas empresas.
Entonces... sí, en este caso, la intervención del Estado ya hizo todo lo que podía. Pero si realmente esperan que los privados inviertan, hay que dar incentivos. Incluso, el Estado tiene muchas formas de hacerlo, como por ejemplo, exención de cargas o impuestos por cada nuevo trabajador que una empresa tome para aumentar su producción, o bien, el incentivo para la investigación de nuevas tecnologías que puedan ayudar a mejorar la productividad. Es hora de dar incentivos reales. Es hora de bajar impuestos.
"La intervención del Estado ya ha hecho todo lo que podía para que la economía global se recuperara. Es la hora del sector corporativo. El problema es que en los últimos cinco años el crecimiento económico mundial ha sido muy lento y el sector está esperando mejores noticias que no terminan de llegar, en parte porque las mismas corporaciones no invierten, esperando la llegada de buenas noticias", indicó a la BBC, la consultora Deloitte.
Pero, yo creo que el problema es bastante más simple. Vamos a suponer (quiero aclarar que ésto es meramente un caso hipotético, y es muy probable que no tenga absolutamente ninguna cercanía con la realidad) que las compañías quieren obtener las ganancias posibles, o como se lo suele llamar en economía, retorno por las inversiones. Estas ganancias, se calculan así: el total facturado, pero se le debe restar costos fijos (al menos, en el corto plazo, como por ejemplo, alquiler de un local), costos de producción variables (los elementos necesarios para producir el bien que se vende), costos de personal (tanto empleados en el área de producción, como administrativos y vendedores), e impuestos. Considerando el supuesto del que partimos, cada empresa por sí misma está buscando maximizar las ganancias, y para ello, busca bajar sus costos fijos al máximo posible en el mediano y largo plazo, sus costos variables en el corto, y el costo en personal, pero a su vez produciendo la mayor cantidad de bienes vendibles posible. También existe el factor tecnología, que se comprende como las innovaciones hechas para bajar los costos, o mejorar la productividad.
Pero la empresa, no tiene absolutamente ningún control sobre los impuestos. Cuanto más venda, más impuestos va a terminar pagando (ya que algunos impuestos son por unidad vendida, pero además, existen otros impuestos que dependen de la ganancia de la empresa). Por lo tanto... no estarían siendo un desincentivo los impuestos?
Qué pasarían si se bajaran los impuestos? Sí, el Estado recaudaría menos... y si recauda menos, tiene que gastar menos (para no incentivar el déficit, o la emisión de moneda). Pero qué impacto tendría en la inversión? Las inversiones que antes no eran tan atractivas, porque parte de la ganancia se la tragaban las arcas estatales, ahora comienzan a mirarse con más cariño... como una chica no tan agraciada, después de la cuarta cerveza. Lo más interesante de este planteo, es que el crecimiento de la actividad económica, generado por la baja de impuestos y su consecuente aumento de la inversión, puede incluso generar que el Estado recaude más en total de la economía, por la mayor cantidad de transacciones dadas, y por las ganancias extra que tienen esas empresas.
Entonces... sí, en este caso, la intervención del Estado ya hizo todo lo que podía. Pero si realmente esperan que los privados inviertan, hay que dar incentivos. Incluso, el Estado tiene muchas formas de hacerlo, como por ejemplo, exención de cargas o impuestos por cada nuevo trabajador que una empresa tome para aumentar su producción, o bien, el incentivo para la investigación de nuevas tecnologías que puedan ayudar a mejorar la productividad. Es hora de dar incentivos reales. Es hora de bajar impuestos.
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