viernes, 26 de julio de 2013

Educación para los pobres, o para los ricos?

Cuándo fue la última vez q hiciste un gasto completamente innecesario, que era solamente para aparentar, o bien sin pensar en lo que eso ofrecía realmente, y si había opciones prácticamente iguales, pero mucho más baratas?

Estoy empezando a creer que un profesor mío tiene razón: acá el problema es la educación de los ricos. Los ricos son los que gastan 50 mil dólares en un BMW, en vez de comprar un Passat por mucha plata menos, con prácticamente las mismas prestaciones. Son los ricos que van a restaurantes carta en italiano que te chamuyan el nombre con tal de cobrarte una fortuna la comida, pero se come casi igual de bien en un bodegón o un restaurante de medio pelo. O gastan en ropa... zapatillas de 800 pesos, jeans de 600, chombas polo por 450, camisas por 600, trajes de 4000, zapatos de 2000, carteras de 3000, camperas de 3000. Y la lista puede seguir mucho.

Según mi profesor, es 100% lógico que las personas pobres quieran poder acceder a las mismas cosas que los demás. Y que cuando no puedan lograrlo, exista una condena y presión social tal, que comience a odiar a las personas que más tienen, puesto que representan quien él no puede ser. Por qué no puede serlo? Por no haber nacido en una familia más pudiente. El odio, y la presión por acceder a las cosas que el contexto social dictan, lleva a que la persona haga lo que sea necesario para conseguirlo. Incluso, robar.

Es cierto, obviamente, que uno se siente un poco hipócrita diciendo todo ésto, porque la realidad es que yo no he sido en mi vida una persona completamente medida. Y no voy a justificarme por mis gastos tampoco. Culpable.

No es la idea de señalarnos el uno al otro. Sino saber separar, y cambiar las conductas que haga falta. Gustos de vez en cuando? Me parece perfecto. Pero nuestra educación, como personas privilegiadas que pueden o no habernos faltado cosas, pero que hoy no nos faltan, tendría que habernos ayudado a enfocarnos en lo importante, en lo simple, en lo que es gratis, en los vínculos, en aprender, en conocer, en sonreir.

Qué harían nuestros abuelos con 10 mil dólares que les entregaran en éste momento? Qué haríamos nosotros?

jueves, 27 de diciembre de 2012

14 de Marzo de 2013, Obelisco, CABA, Argentina.

Propongo hacer un cacerolazo contra los chantas.
El día Jueves 14 de Marzo del 2013, frente al obelisco los llamo a hacer un cacerolazo contra el chantaje y la corrupción del pueblo:
* En contra de psicólogos que te atan por años para poder seguir cobrando;
* Policías corruptos;
* Jueces que compran anillos de mucho dinero, los venden, y después aseguran que eran prestados;
* Abogados que te asesoran mal con tal de que hagas lo que a ellos les convenga para ganar dinero;
* Kiosqueros que te cobran más solo porque pueden (ejemplo, el agua 10 pesos porque hace calor);
* Empresas que se aprovechan de eventos para cobrar sumas extravagantes por el evento en sí, y encima, cualquier cosa dentro o durante el mismo, vale 3 o 4 veces el valor en calle;
* Municipalidades que suben los impuestos incansablemente, con tal de juntar plata;
* Políticos que prometen todo, pero que ni siquiera se preocupan realmente en intentar cumplir;
* Gobiernos que creen que por tener mayoría en el Congreso (provinciales, o nacional), tienen derecho a pisar los derechos de las personas;
* Gente de Recursos Humanos que creen que tienen la capacidad de definir el futuro de las personas, basándose en cualquier cosa subjetiva que se les ocurra (ejemplo... elegir o no a una persona para un puesto, debido a un twitter);
* Intelectualoides que acomodan las cosas para nunca tener que dar explicaciones racionales y abiertas a debate, de lo que dicen;
* Empresas que están más concentradas en facturar, que en ver cómo mejorar el servicio al cliente (ejemplo... operadoras de telefonía móvil);
* A los intolerantes;
* A los intolerantes de la intolerancia;
* A los que trabajan fabricando mentiras (estequem... no se sienta mal el INDEC, por favor...);
* A los maestros de escuela que están más centrados en enseñar a repetir, que hacer pensar;
* A los extremistas;
* A quienes intentan llenar de ideas extremistas a los niños;
* A quienes les parece correcto llevarse un "vueltito";
* A los gremialistas que creen que la extorsión es el camino de generar un mejor estilo de vida para los trabajadores (pero después con un "vueltito", arreglan y se van);
* A los punteros políticos;
* A quienes prefieren ir a pedir una dádiva, que ir a trabajar;
* A quienes cuando ven injusticia, no están dispuestos a combatirla;
* A los jueces que protegen a los delincuentes;

La lista podría continuar por mucho... y espero ustedes la continúen.

Debemos eliminar la corrupción y a los chantas de nuestra sociedad, antes de siquiera pensar en mejorar como país.
Empecemos.

jueves, 22 de diciembre de 2011

El gobierno busca "el Gordo" de Navidad

En el día de la fecha el flamante Secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, en una conferencia de prensa que contó con la presencia del titular de la AFIP, Ricardo Echegaray, Florencio Randazzo, que desempeña el cargo de Ministro del Interior, la Ministra de Seguridad, Nilda Garré, el Ministro de Defensa, Arturo Puricelli y Máximo Kirchner, anunció un plan en conjunto para el operativo anti evasión de impuestos más grande de la historia del país.


“El objetivo es claro – dice Moreno -, queremos atrapar al mayor evasor de impuestos que tiene el país, y hacer que pague retroactivamente lo que corresponde. Es inadmisible que en 201 años de historia del país, este gorila no haya pagado nunca impuestos de importación, a pesar de traer todos los productos desde afuera del país”.
La Ministra Nilda Garré nos contó que el operativo en conjunto contará con 30 mil efectivos de las fuerzas armadas, 20 mil de gendarmería nacional, 40 mil policías, grupo Halcón, 6 mil empleados de la AFIP, 100 helicópteros, 60 aviones de combate, y contará además con la ayuda especial de 100 mil afiliados a La Cámpora, que se han ofrecido voluntariamente para ayudar a atrapar a “papá gorila”, como lo apodaron ellos, según contó entre risas Máximo. En sintonía, nos contaron que se habilitó el 0800-PAPANOEL para que la ciudadanía pueda ayudar a atrapar a este evasor.
Apenas terminada la conferencia, Florencio se nos acerca muy emocionado por querer contarnos un detalle: el Canciller Héctor Timmerman no pudo asistir a esta conferencia de prensa, como hubiera querido, porque está en Brasil ultimando los detalles para que este operativo cuente con la ayuda de las fuerzas especiales BOPE, y haya ayuda entre los países del Mercosur para lograr una radarización más eficiente en estas fiestas. El Ministro nos contó, off the record, que el único país que aún no confirmó sus intenciones de ayuda en el súper operativo, es Uruguay, pero se estaría negociando esto a cambio de que La Argentina “se deje de joder con Botnia”.
En contraposición a lo esperado por estos anuncios, el primogénito de Néstor, se mostró molesto por los hechos ocurridos el martes último cuando se cumplieron diez años de los disturbios que destituyeron al ex Presidente, Fernando De la Rúa. Aseguró que “Quemar un árbol de Navidad no es el mensaje que nosotros queremos dar. No estamos en contra del capitalismo. No sean boludos. Solamente necesitamos más caja…”.
Por su parte, el titular de la AFIP nos aseguró que una vez que Papá Noel pague las tasas de importación que debe, es factible llegar a un acuerdo, como se hizo con empresas internacionales, como BMW, para que compre arroz y así restablecer orden a la balanza comercial. “Si él acepta, se dejaría que siga operando en el país, aunque podría a futuro exigírsele que instale sus fábricas en Tierra del Fuego, o le podríamos dar beneficios y tierras fiscales en la base Marambio, para que se mude del Polo Norte, al Sur”, nos cuenta, aunque no da definición sobre si se le dará visas de trabajo a los gnomos.
Antes de retirarse todos juntos, como si fueran un equipo de futbol estudiantil, el Secretario de Comercio se paró arriba de una mesa, y mientras revoleaba apuntando hacia el techo una 9 milímetros, gritó “Y cuidadito con no llamar al 0800 si saben algo, porque los accidentes, pasan”.  

JV.

jueves, 21 de abril de 2011

Cambio de rutina

7:10 para llegar ajustado. A las 8:30 empiezo. No es que sea rutinario, o simplemente un reloj suizo. A veces llego tarde. Ser amigo del jefe tiene sus ventajas, siempre que no se abuse. No sorprendentemente, llega dos minutos tarde. Intento ser civilizado, dejando pasar a las personas y no empujando, pero no te dejan. Te sentís en el medio de un scrown de rugby por unos instantes, y perdés el punto de equilibrio hasta a veces precipitarse sobre alguien que no tuvo la fuerza suficiente para empujarte para el otro lado, concretando el ritual del sánguche. Pero eventualmente encontrás tu lugar en el tren, accediendo a viajar sin pena ni gloria, hacia un nuevo día de trabajo. Uno más. Faltan 14 para llegar al único cometido de esto: el día de pago, para al fin y al cabo, no llegar a comprar lo que quisieras, y tener que conformarte nuevamente con algún gustito menor: ir al cine de vez en cuando, quizás invitar a una chica a cenar, pero haciéndolo a sabiendas que la verás solamente dos veces más, y en el mejor de los casos, implicará algunas noches de placer, pero simplemente no es la persona que buscás. Casi parece que uno redacta una regla, porque creo que es mejor evidenciar esperando que el destino te tenga una sorpresa y me cambie las cosas. Pero no. Ese deseo de querer ser la excepción a cada regla, queda únicamente en deseo.
Comienza el aleteo y el péndulo. Adrogué a Constitución: 40 minutos. Alguien que quiere moverse, y estar más cómodo que el resto. Me molesta que intenten pisar tu derecho a estar un poco más cómodo, porque ellos se sienten especiales. Quisiera gritarles: “único, sí… especial??? NUNCA”. Pero eso desencadenaría una de las tres posibles secuencias:
• Se rectifique, haciendo una disculpa pública o no, y no vuelva a intentar cometer ese delito contra los derechos de los otros humanos.
• Surja una discusión con un grado de violencia que puede variar entre algún insulto, y mi pera en el piso.
• Se genere una discusión enriquecedora sobre la diferencia de los conceptos “especial” y “único”, en la que yo aseguraría que la persona en cuestión es un fiel ejemplo de lo que José Ingenieros quiso exponer con “El Hombre Mediocre”, lo que seguramente haría que pase a ser el segundo caso.
Me parece más prudente, por más que no me guste, callarme y aguantarme las ganas. Prefiero escuchar música, como método no conductor de problemas ajenos a mi mundo.
En Temperley siento un dolor punzante en una costilla. Codo mal acomodado de una clara secretaria administrativa en plena cuarta década. Como sé que no tiene opciones, simplemente intento acomodarme, sin éxito. La miro. Me mira. Mira su codo, y me mira nuevamente. Se da cuenta, e intenta acomodarse. En el estómago molesta menos.
Hoy, en vez de los divagues religiosos y matutinos, me llamó la atención una señorita de unos veintipico. Más allá de lo claramente linda que era, me atrapó su concentración en un libro de Borges. A través de sus delicados lentes de marco negro, algo cuadrados, que traslucían sus ojos miel, sólo posible acercar su belleza en la profundidad que intentaban esconder, me sentí esclavizado y sin salida, cuando levantó su mirada, y la clavó como estacas en mis ojos sorprendidos. Por supuesto, desvié la mirada. Pero fue suficiente para que se sienta vergüenza en el aire. Pensé escuchar cómo la señora secretaria administrativa generó un híbrido entre una risa y una sonrisa, pero al mirarla, una seriedad absoluta se apoderó de sus ojos y continuó mirando el sticker de publicidad de plomero que estaba pegado al lado de la puerta.
Intenté no pensar en la señorita para evitar posibles miradas incómodas a futuro, pero antes de darme cuenta, estaba haciendo un close up a su piel. Me concentré en sus leves imperfecciones en la piel, y su casi imperceptible vello rubio en su rostro. Comencé a recorrerla tanto en mi imaginación como con mis ojos. Presencié sus suaves pestañas sin maquillar, y el contorno que generaban en su nariz pequeña y delicada. Intenté detenerme, pero ya era muy tarde: estaba compenetrado en sus labios finos, deseando no dejar de contemplarlos hasta que la distancia se vuelva un número negativo.
Cerré mis ojos. “No es que sea imposible, pero sí hay cosas improbables, está en la lista.” Volteé a la nada. Mi mundo comenzó a pasar ante mis ojos. Trabajar, viajar, estudiar, viajar. Los fines de semana, estudiar y quizás ver algún amigo. Siempre con la esperanza de conocer a quien cambie mi vida, y ya no tenga que trabajar, viajar, estudiar, viajar a solas. Me deshice de mis esperanzas. Bukowsky ya lo dijo: nadie encuentra jamás al otro, por más que busque de cama en cama.
Lanús. Bajan 10, suben 20. Las personas se reacomodan después de cerradas las puertas, a ver si pueden lograr encontrar un espacio mínimo, pero según ellos, vital para su subsistencia. En medio de este proceso, me empuja un trabajador de la construcción, intentando acomodar su bolso. Me reacomodo como puedo, y para mi sorpresa, quedo enfrentado con la señorita en cuestión. Nos miramos. En ese instante se quitó los lentes; guardó su cuidado libro de tapa dura contra su pecho. La vergüenza se apoderó nuevamente del ambiente, y pensé escuchar nuevamente a la secretaria administrativa generar su sonrisa híbrida. Pero esta vez, no le quité los ojos de encima. Comenzamos a bailar al compás del trayecto Lanús – Guerli, sin dejar que el movimiento nos distraiga de nuestra meta: hacer reír al otro. Yo quería eso, al menos. Hubiera sido suficiente para romper el hielo, y que suceda. No sucedió. Pero tampoco dejábamos de contemplarnos.
Nadie subió o bajó en Guerli. O al menos nadie que me haya hecho reacomodar. Estaba demasiado ocupado para prestarle atención a algo diferente. En ese momento, ideé un código: me saqué los auriculares. Guardó su libro en la cartera. Al bajar su mano luego de liberarla, rozó la mía, y sin duda nos sonrojamos, pero la falta de aire del tren hizo difícil saberlo a ciencia cierta. Sin dudar un instante, sabiendo que mi oportunidad era esa, acaricié su piel con mi índice, pero sin saber quién fue el culpable, al terminar un suspiro, nuestras manos estaba entrelazadas. Y nuestras almas.
Los minutos corrían miles de veces más rápido de lo que yo hubiera querido. Sin decir una palabra, continuábamos llenando el abismo solitario del otro. En un abrir y cerrar de ojos, estábamos en Constitución. Dejamos que los apresurados bajen, para emprender nuestro camino sin sobresaltos. Salimos de la dársena de la mano, y nos abrazamos mientras las personas circulaban a cientos de kilómetros por hora. No nos importaba nada.
Diez minutos más tarde, el episodio era un recuerdo más. Ella había ido hacia los colectivos, y yo debía tomar el subte. “Carla”, fue la única palabra que soltó. “Alan”. Fue suficiente.
Hace un mes, tengo otra perspectiva. Hago todo con la esperanza de mañana poder volver a contemplar sus ojos. Quizás, sea mañana. Estoy feliz. Bukowsky, no tenía razón.